Píldoras

Los humanos hacemos de robots para que los robots aprendan a ser humanos

Estamos pagando a personas para que se graben doblando ropa y lavando platos. El objetivo: enseñar a los robots a hacerlo por nosotros.



Hay algo curioso en la imparable carrera por los robots humanoides: para que aprendan a comportarse como nosotros, primero necesitamos pagar a humanos para que se comporten como robots.

En 2026 han aparecido trabajos así de literales: te pones una cámara en la cabeza y te dedicas a lavar platos, doblar ropa o sacar la basura, mientras la máquina observa cada movimiento de tus manos. Internet está lleno de fotografías, libros, vídeos y conversaciones humanas que la IA absorbe. Para aprender a doblar una camiseta, en cambio, un robot necesita saber algo mucho más concreto: dónde mira la persona, qué mano utiliza primero, con qué fuerza agarra la tela, cómo modifica el movimiento cuando la camiseta se arruga y qué hace cuando algo sale mal.

Por eso las empresas están recopilando vídeos en primera persona. La periodista Reece Rogers lo probó para Wired: durante una semana llevó un teléfono sujeto a la cabeza mientras hacía tareas domésticas destinadas a generar datos para sistemas robóticos.

Cortó pepinos. Lavó platos. Puso bebidas. Dobló ropa. Incluso repitió determinadas acciones para conseguir suficientes grabaciones.

No es un trabajo agradable ni especialmente bien pagado, pero hay una razón por la que empresas de robótica están dispuestas a pagarlo: es mucho más barato y rápido que programar cada movimiento a mano, y mucho más realista que simularlo en un ordenador. Investigadores del proyecto EgoMimic del Georgia Institute of Technology ya han demostrado que una hora de vídeo así vale más para entrenar un robot que una hora de datos generados por el propio robot practicando solo.

Doblar una camiseta deja de ser doblar una camiseta. Es dataset (o sea, un conjunto de datos con el que se entrena a la IA).

Post data: Hay robots que han tenido hasta funeral

En 2018, un templo budista en Chiba celebró un funeral por más de 60 perros robot AIBO de Sony, fuera de producción y sin piezas de repuesto. Incienso, oraciones, un sacerdote —humano, esta vez— recitando sutras por sus almas. El sacerdote del templo lo resumió así: “todas las cosas tienen un poco de alma.”

Primero fabricamos robots que nos imitan. Luego les hacemos funerales como si fueran uno de los nuestros. Y en medio de todo eso, seguimos grabándonos doblando camisetas para enseñarles cómo se hace.