Píldoras

Hostageware, chatflattery, botiquette... El vocabulario que necesitábamos...

Un puñado de palabras nuevas para nombrar las pequeñas torturas de la IA cotidiana, esas que ya solo podíamos describir suspirando y sacándonos los ojos



El escritor Stuart Heritage, más aburrido que yo, de aquí a Lima, acaba de acuñar en The Guardian un puñado de palabras para nombrar las pequeñas torturas tecnológicas de 2026. Parte de un término ya viral, “dickover” (acuñado por John Gruber, otro del club…, en mayo de 2026): esa cortina o ventana modal que un sitio te pone delante, deliberadamente, para taparte el contenido que en realidad querías ver. Cookies, notificaciones, “inicia sesión con Google”, “esto es solo para molestarte”… Dickover.

De ahí nacen unos cuantos más, y estos sí que van directos a la IA. Los dejamos en inglés —traducidos pierden la gracia, como casi todo— con su definición en cristiano:

AI-horning — meter IA a la fuerza donde nadie la había pedido, o sea, con calzador. El resumen de IA antes de tus resultados de búsqueda, el DJ de IA de Spotify hablando entre canciones porque sí, el asistente del coche que antes te llevaba derecho al sitio y ahora te da la turra con contexto que no pediste antes de moverse (yo por suerte no he sufrido ninguna de las dos últimas, pero dadme tiempo).

Chatflattery — el hábito de los chatbots (y yo diría también de nuestros queridos Claude, ChatGPT, Gemini…) de darte la razón en casi todo. Ese servilismo exasperante. No es simpatía, es modelo de negocio: la retención se consigue haciendo sentir especial al usuario, y eso a veces sale muy mal.

Botiquette — la incomodidad de no saber si hablas con una persona o un bot en un chat de soporte, y qué tono usar en cada caso. Con un humano tiene sentido ser cercano; con un bot, toda cortesía sobra. Nos falta un término medio. Por cierto, si das con un humano, compra un décimo de la lotería ese mismo día.

Chattermining — esa sensación —¿paranoia, o no tanto?— de que el móvil te “escucha” en una conversación y, minutos después, los anuncios ya saben de qué hablabas. Te ha pasado y lo sabes.

Hostageware — comprar un producto y descubrir que hace falta una suscripción para usarlo de verdad. El timbre inteligente, la pulsera de actividad, la impresora con su propia tinta… todo con su cuota mensual.

Ninguna de estas palabras va a colarse en el diccionario. Pero mientras no exista una de verdad, sirven para señalar con precisión lo que antes solo podíamos describir con un suspiro de resignación.

El suspiro del siglo XXI.