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Nombres en clave: cómo bautiza sus versiones la industria tech

De WordPress y el jazz a Android y los postres. Un repaso a las temáticas que usan (o usaban) startups y tecnológicas para nombrar sus lanzamientos, y lo que dicen de cada empresa.



Llevo tres libros y decenas de artículos dedicados a rebuscar en nombres de canciones —quién le puso título a qué, y por qué—, así que cuando me fijé —años ha— en que WordPress bautiza sus versiones con nombres de músicos de jazz no pude evitar tirar del hilo, y hoy rehago la madeja. Resulta que media industria tech tiene su propio anecdotario onomástico, solo que en vez de canciones son líneas de código.

Algunos ejemplos, con su lógica interna:

Empresa / proyectoTemáticaEjemplos
WordPressMúsicos de jazzColtrane, Fitzgerald, Davis, Cachao
UbuntuAnimal + adjetivo aliteradoWarty Warthog, Noble Numbat
DebianPersonajes de Toy StoryBuzz, Woody, Bookworm, Trixie
macOSGrandes felinos → parajes de CaliforniaJaguar, Leopard → Sonoma, Sequoia
AndroidPostres (hasta 2019)Cupcake, KitKat, Oreo, Pie
Google GeminiConstelación/programa espacialGemini (guiño al programa Apollo-Gemini de la NASA)
Claude (Anthropic)Formas poéticasHaiku, Sonnet, Opus
GPT-6 (OpenAI)Cuerpos celestes, por capacidadAstra (insignia), Sol (código), Luna (bajo coste)

WordPress es de los casos más curiosos: cada versión lleva el nombre de un músico de jazz, elegido por orden alfabético y a menudo relacionado con la ciudad donde vive quien lidera esa release. No es gratuito: Matt Mullenweg, su fundador, es un saxofonista aficionado que toca en directo. El nombre en clave sale de un gusto personal, no de un comité de marca, y mucho menos de un brainstorming, Dios nos libre.

Debian tira de Toy Story porque su fundador, allá por 1996, tenía un hijo pequeño obsesionado con la película. La rama “inestable” del proyecto se llama permanentemente Sid, en honor al vecino que rompía los juguetes en la peli. Es la broma interna más longeva del software libre: todo lo que pasa por Sid es, por definición, terreno inestable. Eso mola.

Google, con Gemini, hizo lo contrario a esconder el simbolismo: quiso que el nombre dijera en voz alta que era la fusión de dos equipos (Google Brain y DeepMind) bajo un mismo proyecto —los gemelos de la constelación—, con un guiño extra a la carrera espacial. Anthropic bautizó sus modelos con formas poéticas —Haiku, Sonnet, Opus— para describir sin decirlo el tamaño y el propósito de cada uno: rapidez frente a profundidad, boceto frente a obra completa. Y OpenAI ha hecho algo parecido con GPT-6: Astra, Sol y Luna no son nombres sueltos, establecen una jerarquía basada en el cosmos —el más grande y potente lleva el nombre más grandilocuente (las estrellas), y el más barato y rápido, el más modesto (la luna)—. Mismo truco que Anthropic, distinto imaginario.

La próxima vez que leas “esta función llegará con la próxima release” pregúntate cómo se llama esa release. Casi seguro que alguien, en algún momento, le puso ese nombre pensando en otra cosa completamente distinta al software. Y ese alguien, igual, fumaba.