Contraindicaciones

El precio del agua de la IA

Cada vez que le preguntas algo a una IA, en algún lugar del mundo, un servidor suda. Y para que no se derrita, alguien tiene que enfriarlo.

· IEA / Goldman Sachs / UC →


Imagina una nave industrial del tamaño de varios campos de fútbol, llena de armarios metálicos apilados del suelo al techo. Dentro de esos armarios, miles de chips trabajando a pleno rendimiento. 24 horas al día, 365 días al año. Sin descanso. Eso es un centro de datos: la infraestructura física donde vive la IA. Cuando le haces una pregunta a Claude o a ChatGPT, tu consulta viaja hasta allí, se procesa, y vuelve a ti en segundos.

¿Por qué hay que enfriarlos?

Los chips generan calor. Mucho calor. Si un servidor se sobrecalienta, falla — igual que un ordenador portátil al que tapas los ventiladores —. La solución clásica ha sido siempre la misma, la que nos aplicamos a nosotros mismos: aire frío. Los centros de datos tradicionales funcionan como grandes neveras: sistemas de aire acondicionado industrial mantienen las salas a temperaturas controladas. Y agua, porque muchos sistemas de refrigeración se basan en evaporación, igual que el sudor humano: el agua absorbe calor al evaporarse.

Esto no es nuevo. Los centros de datos llevan décadas existiendo — Google, Amazon y Microsoft construyeron los primeros grandes a principios de los 2000 para sostener sus buscadores, tiendas y servicios en la nube. Ya entonces el consumo de agua y energía era significativo. Pero hemos dado un salto preocupante.

¿Qué ha cambiado?

La escala. Entrenar un modelo de lenguaje grande como GPT-4 requiere miles de chips especializados funcionando en paralelo durante semanas o meses. Un estudio de la Universidad de California estimó que el entrenamiento de GPT-3 consumió en torno a 700.000 litros de agua. Y eso es solo el entrenamiento — luego viene la inferencia: cada consulta que hacemos, multiplicada por cientos de millones de usuarios al día. Todos colaboramos en este ataque medioambiental, en esta autodestrucción.

La IEA proyecta que los centros de datos podrían consumir el doble de electricidad en 2026 respecto a 2022. Goldman Sachs estima que una búsqueda con IA consume diez veces más energía que una búsqueda tradicional en Google.

Por no hablar del efecto “isla de calor”: los centros de datos pueden elevar las temperaturas en sus inmediaciones en un promedio entre 2 °C y 9 °C. Vamos, me ponen un centro de datos de IA en Bormujos y me hunden la miseria.

La paradoja incómoda

Las mismas empresas que prometen usar la IA para combatir el cambio climático han tenido que revisar a la baja sus objetivos de sostenibilidad precisamente por el impacto de sus modelos. Google y Microsoft reportaron aumentos significativos en emisiones y consumo de agua justo en los años del boom.

Se investigan alternativas: refrigeración líquida de precisión, centros de datos en zonas frías, proyectos experimentales como el de Microsoft sumergiendo servidores en el fondo del mar. Avanzan. Pero más despacio que la demanda.