Shadow AI: no bajemos la guardia
Pegar código en ChatGPT, subir un contrato a Claude, pasar datos de clientes a una IA gratuita. El 66% de los profesionales de oficina lo hace aun sabiendo que está prohibido. ¿Te reconoces?
¿Te reconoces en alguna de estas acciones?
- Pegaste un fragmento de código con el que llevas media hora atascado en ChatGPT para que te diga qué falla.
- Subiste el PDF de un contrato a Claude para que te lo resuma en cinco líneas antes de la reunión.
- Le pasaste una hoja de cálculo con nombres, teléfonos y fechas de nacimiento a una IA gratuita “solo para que la ordene un poco”.
Si algo de esto te suena, no eres la excepción. Eres la norma. No nos pongamos nerviosos.
Según una encuesta de PagerDuty publicada en junio, el 66% de los profesionales de oficina ha usado herramientas de IA aun creyendo que la política de su empresa lo prohíbe. Y no digamos los no-profesionales ;)
Nadie lo hace por maldad. Lo hacen porque funciona y porque ahorra tiempo — lo mismo que ya vimos en el primer expediente por shadow AI ante la SEC. Pero un tercio de quienes lo esconden lo hace por miedo a que su jefe se entere, y otro tercio porque las políticas son tan restrictivas —o tan confusas— que ni ellos mismos saben si están haciendo algo prohibido.
Esa es la parte que más debería preocupar a las empresas: no es solo que los empleados usen IA sin permiso. Es que ni ellos ni sus jefes tienen claro dónde está la línea. Es aquí donde los CTOs deben establecer una hoja de ruta, un protocolo, un aleccionamiento a los usuarios de IA y, en general, de IT, de la empresa.
La próxima vez que vayas a pegar algo en un chat de IA, la pregunta no es si es cómodo. Es si estarías dispuesto a enviarlo por email a un desconocido. Porque, en la práctica, es más o menos lo que estás haciendo. Sentido común.