Contraindicaciones

Artificial Intimacy: el chatbot te dice que eres maravilloso. Y ese es el problema.

Sherry Turkle, la psicóloga del MIT que lleva cuatro décadas estudiando cómo nos relacionamos con las máquinas, ha pasado de la cautela a la alarma. Su nuevo libro explica por qué.

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En 1984, Sherry Turkle publicó The Second Self, sobre cómo los ordenadores estaban cambiando a las personas, y concluyó que “no son buenos ni malos, son poderosos”. Cuarenta y dos años después, el 29 de septiembre de este 2026, ha publicado Artificial Intimacy: Who We Become When We Talk to Machines (Little, Brown), y el tono ha cambiado, claro que han pasado cuatro décadas. Según la reseña del New York Times, ha pasado de la cautela a la alarma: el primer capítulo se titula “State of Emergency”.

El punto de partida es un dato, que, según dicen, mata el relato: según Turkle, en 2025 el uso más común de los chatbots era la terapia y la compañía. Tenemos a las máquinas en lo más privado de nuestra vida emocional, y ella se pregunta quiénes nos estamos volviendo.

“Empatía de mentira”

Su tesis es que un chatbot, que solo predice texto plausible, ofrece una empatía fingida. Lo resume sin anestesia: después de decirte cuánto te quiere y cuánto te entiende, no le importa que te mates o que te cocines unos espaguetis. Y señala el origen del anzuelo, el que llama “pecado original” de la intimidad artificial: que el chatbot hable en primera persona.

La fricción es el producto

Lo más interesante del libro, a falta de leerlo, es lo que dice de la fricción. Turkle recoge testimonios de gente que prefiere al chatbot porque su pareja le dice “saca la basura” y la máquina le dice “eres maravilloso” (tampoco hay que menospreciar el acto de sacar la basura…). Ella sostiene que enfrentarse a la fricción y al miedo es parte de cada etapa de la vida, y que la fricción no es mala. Si nos acostumbramos a una compañía que nunca nos lleva la contraria, acabamos “desentrenándonos” como seres relacionales y juzgando a las personas con el listón de lo que da el chatbot.

Una vida entera, por etapas

El libro sigue las etapas de la vida: infancia, adolescencia, amor, trabajo y muerte. En la infancia aparecen casos como el de un niño de 8 años que trata igual a ChatGPT y a sus abuelos, “cosas a las que llamas por el móvil”, o el de una niña convencida de que el chatbot que le cuenta cuentos es “una persona dentro del teléfono”. Turkle lo plantea así: el problema no empieza cuando el chatbot dice algo dañino, sino cuando el niño empieza a hablarle. En la muerte, advierte de que los avatares de familiares fallecidos impiden hacer el duelo con normalidad.

Qué propone

Nada de apocalipsis, y una receta más doméstica: una resistencia parecida a la del movimiento de “móviles fuera de las aulas” y que la IA se quede en su carril. Es otra cara del miedo que cuento en Pull the plug: allí la gente se organiza contra los centros de datos y los agentes descontrolados, y aquí el riesgo no sale en los titulares ni llega con una pancarta. Llega con “qué bien te explicas” a las once de la noche.

Un aviso: lo que cuento sale del resumen del MIT y de las reseñas, no del libro entero. Lo que Turkle dice sobre el impacto en la democracia, que la reseña del Times menciona, no he podido leerlo (aún tengo a Guy de Maupassant en la mesa del salón y a Irene Vallejo en la mesilla de noche) . Si el libro te interesa, ese es el capítulo que habrá que mirar.